
Su culpa: llamarse Abderrahim. La compañía de baile estadounidense Alvin Ailey, una de las más prestigiosas del mundo, aterrizó la noche del domingo en el aeropuerto de Tel Aviv (Israel) y Abderrahim Jackson fue el único bailarín sometido a un interrogatorio de una hora. Su nombre, de origen musulmán, era el motivo de ser sospechoso.No fue suficiente que mostrara folletos de la compañía en los que aparece su fotografía en plena danza. Los servicios de seguridad, recelosos, le exigieron que ejecutara unos pasos. Y Jackson tuvo que bailar en el aeropuerto.El aeródromo de Ben Gurión es la única puerta de entrada a Israel por avión y escenario de frecuentes humillaciones. Son infinidad los ciudadanos árabes con pasaporte israelí que optan por viajar por tierra a Jordania para volar desde Ammán. Son molestias que se prefieren a las vejaciones.Las quejas por el tratamiento que se otorga a numerosos pasajeros en este aeropuerto son constantes. Al margen de árabes o personas con nombres musulmanes, las jóvenes que viajan solas sufren humillaciones peores que las de Jackson: muchas son registradas hasta quedarse en ropa interior.
Fuente: El País

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