
La gente que pasa por el centro puede considerarse afortunada, a pesar de que ser discapacitado y vivir en Etiopía es una verdadera desgracia. La pobreza del país y la dureza de la vida en el campo llevan a muchas de estas personas a emigrar a Addis Abeba, donde terminan exhibiendo sus carencias en las calles y plazas, como reclamo para obtener una limosna que les permita comer.Porque en países tan pobres como Etiopía los servicios sociales son muy escasos y las personas con alguna discapacidad apenas tienen la oportunidad de formarse o ganarse la vida. Y en el caso de los ciegos, las barreras son aún mayores porque dependen de un tipo de educación casi imposible de obtener en un contexto social económicamente tan desfavorecido.

Wondimu Asfaw se sabe tocado por la fortuna. Pero su tesón, su esfuerzo y su espíritu solidario le han llevado a no olvidar que otros muchos miles no van a correr su misma suerte. Con su enorme sonrisa y su vozarrón dirige este centro con el que desde hace años colabora Manos Unidas, donde se han formado ya centenares de personas. El ruido ensordecedor al que antes nos referíamos proviene de una curiosa máquina que fabrica, a toda velocidad, palos para escobas. Palos que servirán a las personas que el centro se encarga de formar en la confección de cepillos, fregonas y escobas, que después se venden en los mercados. Otros alumnos aprenden a hacer cestas, alfombras y muebles de madera. Y otros salen del centro sabiendo corte y confección de vestidos.La cría de animales (gallinas y ovejas) y la fabricación de jaulas, son otras de las actividades que se imparten en Salu, junto a las labores de sensibilización entre la comunidad acerca de los problemas que sufren las personas con discapacidades y sobre la pandemia del VIH/Sida.¿Y qué sucede con estas personas discapacitadas cuando abandonan el centro? Muchas de ellas han montado su propio negocio familiar, siempre con el apoyo técnico y el seguimiento de la asociación, que mantiene con ellos una relación muy cercana durante del aprendizaje y después, una vez independizados.
Otras han encontrado trabajo remunerado en una empresa o en una fábrica. Algo que sorprende grandemente en un país donde la discapacidad sigue siendo motivo de marginación.Además, en los últimos años se ha cumplido uno de los sueños de Asfaw: la Asociación cuenta ya con una máquina de Braille, que permite enseñar este lenguaje a 50 ciegos cada año. Un nuevo avance que abrirá todavía más puertas a unas personas que hace años no hubieran tenido la menor oportunidad.Wondimu Asfaw sigue soñando y pensando mejoras, mientras va creciendo la comunidad de personas tocadas por su solidaridad.

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