jueves, 21 de agosto de 2008

EL SALVADOR: Historias de mujeres, mujeres con historia





El Salvador – Isabel: la lucha por los derechos
Ana Isabel López de Guevara, actual directora del Movimiento Salvadoreño de Mujeres (MSM), nació en el Cantón de Acachapa, en el Departamento de Sonsonate, al Occidente de El Salvador. Allí, donde hace más de 500 años habitaron valientes pueblos de origen indígena, los mayas y pipiles, transcurrió gran parte de su infancia. Isabel reconoce que, aunque carecían de muchos de los servicios básicos “que el Estado debe brindar”, en su casa siempre tuvieron lo necesario para vivir. Ella y sus siete hermanos aprendieron desde niños lo que era trabajar. No pasaba un día sin que se acercaran al río “de aguas muy cristalinas, que manaba a borbotones” para llevar agua a la casa. Después, tras las tareas rutinarias, caminaban a la escuela más cercana, que distaba 3 kilómetros de su casa. “Mi mamá y mi papá hicieron los esfuerzos necesarios para que estudiáramos”, recuerda, porque querían que sus hijos no se quedaran como ellos, “que no fueron a la escuela”.Continuó sus estudios en Sonsonate, alojada en casa de una tía de avanzada edad. “Hasta entonces, explica, la vida me sonreía”. “Cuando uno es joven y estudiante, no hay problemas que te quiten el sueño, más allá de aprobar las muchas materias que teníamos”.Pero esta perspectiva comenzó a cambiar en marzo de 1977, cuando encontró trabajo como secretaria “de confianza” en ANDA (Compañía Administradora de Acueductos y Alcantarillado). Por ser secretaria de “la jefatura” Isabel reconoce que no podía tener vínculos con el sindicato de la empresa “y menos aún estar afiliada”, lo que no le impidió percatarse de tanta injusticia y tanta miseria. “Creo que entonces, afirma, estaba tomando conciencia de la realidad del pueblo salvadoreño”.Casada en 1978 con Meme, un compañero de trabajo, fue madre por primera vez en 1979. Su segunda hija nació en 1981 “en un clima de guerra donde salir por la noche, en medio del toque de queda, era correr todo tipo de riesgos”. Isabel era ya madre, esposa, estudiante y luchadora por los derechos laborales, aunque “no pertenecía a partido político alguno”."La situación en el país era cada día peor, la represión en la ciudad se profundizaba y la guerra en el campo era cada día más cruel; era imposible no participar en un bando o en otro”.Así transcurrieron los años, acompañando a los más oprimidos, hasta que el 10 de octubre de 1986 un devastador terremoto “dejó al descubierto la vulnerabilidad de las personas más desposeídas”. Ese terrible seísmo, que causó miles de muertos, hizo nacer una nueva vocación en Isabel: las mujeres. “Comencé a apoyarlas organizando comités en las zonas más afectadas, sobre todo en San Marcos, para que juntas reclamasen la ayuda, especialmente un techo bajo el que vivir”, recuerda la directora del MSM. “Luego, junto a otras compañeras que lideraban la lucha en la ciudad, fuimos creando varios asentamientos que ahora son grandes colonias”.Las mujeres continuaron reuniéndose y analizando la situación socioeconómica, “cada día más difícil”. Se creó la “Asociación Pro-mejoras de la Mujer y el Niño”, origen del que en 1988 pasó a denominarse “Movimiento Salvadoreño de Mujeres”. Esta historia es, según Isabel, un resumen de “cómo una mujer toma conciencia de lucha”.Movimiento Salvadoreño de Mujeres: la lucha continúaEn 1988 ya se hablaba a nivel mundial de los derechos de las mujeres. El Salvador está inmerso en una guerra, que cuando finalizó oficialmente en 1992, había dejado un saldo de 85.000 muertos. Como las mujeres somos “más resolutivas” teníamos una visión que “iba más allá de la lucha armada”. Las mujeres decidieron unir ideas y “aglutinar a las mujeres del campo y la ciudad”. En el MSM tenían cabida campesinas, profesionales, desempleadas, amas de casa… “dispuestas a defender sus derechos, promover la paz, luchar por la tierra, o llamar al diálogo y la negociación”. Este trabajo supuso correr grandes riesgos y vicisitudes “no en vano, todo el país estaba militarizado”.Isabel no quiere entrar en los pormenores de su historia de los últimos 20 años. Su lucha no ha sido fácil. Tanto ella como su marido (por completo ajeno a sus actividades) sufrieron torturas y penas de cárcel. Durante años, y tras una huída de película a través del desierto mexicano, vivieron exiliados en Estados Unidos. Allí estuvieron bien, con las hijas a salvo y una vida estable, “pero yo sabía que mi lugar estaba con las mujeres de El Salvador”.Con los años, una vez de vuelta en su país, el MSM cambió su forma de trabajar. “Seguimos luchando, pero de otra forma”. Ahora se centran en proyectos que tienen como meta el desarrollo personal de las mujeres. “Las instruimos para lograr su alfabetización, la mejora de su dieta alimenticia y de la higiene personal y de sus hijos”.Además, organizan talleres vocacionales, de primeros auxilios, cosmetología, promoción del liderazgo, apicultura o cría de animales. Así, el MSM trabaja para crear alternativas y oportunidades para que las mujeres mejoren su posición y condición, contribuyendo, además, a disminuir la violencia intrafamiliar, en una sociedad como la salvadoreña, todavía “excesivamente basada en el sometimiento de la mujer frente al hombre”.Isabel, ahora viuda, vive por y entre mujeres. Divertida, y henchida de orgullo muestra la fotografía de “cuatro generaciones de luchadoras”: su madre, sus hijas y su pequeña nieta.Manos Unidas, reconoce y respalda las actividades del Movimiento Salvadoreño de Mujeres, institución de mucho prestigio en el país. Tras los terremotos de 2001 apoyó las iniciativas de estas mujeres consistentes en la puesta en marcha de un programa de atención en salud mental que, además de brindar apoyo emocional, trabajó duramente en tareas de reconstrucción y en la incidencia ante los gobiernos locales y el gobierno central, para solucionar las vulnerabilidades socio-ambientales, causantes, en gran medida de gran número de victimas.También se ha apoyado al MSM en proyectos tendentes a fortalecer la capacidad productiva y empresarial de las mujeres, así como su capacidad organizativa y su formación en aspectos administrativos y de comercialización. Se han creado tres pequeñas microempresas dedicadas a la elaboración de velas aromáticas, shampoo de bálsamo y artesanías; además de una granja de gallinas ponedoras y un apiario.

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